DIVERSIDAD

Inmigración I:  El reflejo que ciega


La Historia no se puede escribir sin la emigración. Pero la emigración es más antigua que la Historia misma. Hace millones de años un simio bajó de un árbol y se fue. Aquel protohumano fue el primer emigrante. No sabemos qué le impulsó a hacer eso -seguramente fue una necesidad, como hoy, como siempre-. Sabemos, sin embargo, que aquella iniciativa condujo a que ahora seamos personas y el Planeta sea Mundo.
A menudo se teme al que invade nuestro ámbito. Desgraciadamente esta reacción como la de migrar es, también, una pulsión animal. Es el miedo a lo desconocido y al desconocido. No son sus diferencias las que nos turban (sólo tenemos que pensar la inquietud que nos provoca cualquiera que de pronto se cuela en el ascensor que ocupamos), es el instinto de “competencia” agitando el espacio vital que tenemos por propio.
Este sentimiento es primitivo, como primitivas son las veleidades que las amparan: el color de la piel, la religión, la lengua, las costumbres... Todas estas alegaciones son falsos pretextos que sostienen, precisamente, los que aspiran a explotar barato el trabajo de otras personas. Si un extranjero no es sujeto; es decir, es un ser invisible y sin derechos, se convierte en un objeto, del que se puede abusar con impunidad civil y moral. Así se labra el discurso esclavista. Una sociedad que acepta codiciosa el trabajo del inmigrante pero no acepta su participación social, es una sociedad proclive al esclavismo. Hemos visto esa conducta de exclusión hasta hace muy poco en EE.UU o en Suráfrica. El negro trabajando para el blanco pero sin “competir” en su espacio; completamente segregado en los servicios y usos públicos: urinarios para negros, autobuses para negros, aceras para negros... Sin embargo, esos negros eran “competentes”, y tanto.. Ahí están Mandela y Obama.
Hay una cuestión subyacente al problema de la “competencia” por el espacio (léase barrio, calle, piso, parque, hospital, escuela, cine, discoteca...): es el carácter económico.
Repudiamos por instinto lo desconocido, pero no a todos los extranjeros aplicamos ese rechazo por igual.
Los extranjeros ricos son una gracia, los recibimos atentos, los servimos y nunca los percibimos como presión social, aunque rondan los 60 millones al año. En cambio, los inmigrantes -alrededor de 4 millones- son los que, paradójicamente, causan presión social. En realidad éstos no “compiten” con nadie porque ocupan el escalafón laboral despreciado por los nacionales y vienen para servirnos. Pero su culpa es ser pobre; mientras que el extranjero rico tiene un reclamo que es más fuerte que nuestro sentimiento de repulsa: el dinero.
El dinero del extranjero rico asegura nuestra supervivencia, que es el instinto más fuerte de todos. Valoramos el dinero que ganamos con nuestro trabajo, pero no lo que ganamos con el trabajo que nos prestan otros (el emigrante que nos sirve), sino que, al contrario, sentimos malestar porque somos los pagadores; como si estuviéramos haciéndolo generosamente. Cuántas veces hemos oído que los inmigrantes saturan los hospitales, copan las plazas escolares, etc. cuando esas prestaciones forman parte de la retribución justa por su trabajo. Esta inclinación discriminatoria es más reprobable en el pueblo español que en otros pueblos, porque los españoles hemos sido en Europa, Australia o América, esos emigrantes económicos que hoy despreciamos aquí. Cuando no, y con anterioridad, emigrantes políticos. En verdad, hemos representado el estamento miserable de los Estados ricos hasta 1973.
Todavía hay una forma más aleve de conjurar el miedo al extraño, es su estigmatización. Asociar al inmigrante con una imagen negativa nos libra de su contacto. En eso residen los procesos de criminalización tan frecuentes aquí como en otros países europeos. No es un invento nuevo. La película “Toni” de Jean Renoir (1934), relata la vida de trabajadores españoles e italianos en la Provenza francesa, en la que los extranjeros, por el mero hecho de serlo, son sospechosos de delitos que no han cometido.
Tampoco es que haya que santificar al inmigrante; son hombres y mujeres de naturaleza humana y, por tanto, susceptibles de lo peor y lo mejor. Pero su conexión no es con el delito, sino con la pobreza. Son los últimos en llegar y se establecen en el estrato más humilde. No hacen falta más datos que la experiencia común para correlacionar a la mayoría de la población carcelaria con una extracción social baja. Se da en cualquier lugar del mundo. Si un país no tiene inmigrantes, tendrán menesterosos para colmar sus prisiones1.
Criminalizar a la comunidad inmigrante, no deja de ser un ejercicio de exorcismo sobre los fantasmas que todavía yacen en la memoria familiar de la mayoría de los españoles. Atacándolos, algunos pretenden sacudirse ese baldón de apestado que en su día uno de los suyos arrastró por otros territorios. La agresión, el desprecio, la humillación contra el inmigrante funcionan como el bautismo que quiere limpiarnos de un pecado original. Pero nuestro pecado original no se borra porque no es mito, es historia, y, ni los más recalcitrantes, pueden negarlo2.
Para diferenciarse, se recurre, sin empacho, a subterfugios falaces como afirmar que los emigrantes españoles salían con contratos. Para refrescar esa memoria sesgada es oportuna la película documental “El Tren de la Memoria” (2.005), que recoge testimonios vivos del gran éxodo español hacia Alemania en los 60´. El que suscribe, mismo, es hijo de emigrantes que no tuvieron la bendición de los papeles para salir de España y que, además, su viaje fue sin retorno.
Con la inmigración se produce el síndrome de autofobia. El miedo que nos producen los inmigrantes, es el miedo a vernos en el espejo de nuestra realidad vernácula. En esto, como en el síndrome aludido, los más cobardes son los que rompen el espejo; o sea, los que arremeten contra el más débil, el inmigrante, porque nos devuelve la imagen de lo que fuimos y nos ata a nuestra propia vergüenza.
Pero volviendo al principio, el fenómeno migratorio no es circunstancial ni geográfico. Es intemporal y antropológico. Los que se han opuesto a él, en aras de una pureza racial o nacional, han desaparecido víctimas de su pobreza genética.
Frente a la endogamia, las migraciones son precursoras de las transformaciones biológicas y sociales, en las antípodas de las invasiones bélicas, que, como sabemos, es el destructor recurso de los arios. La razón está de parte de la vida y la vida es variable: “omne migrat”, todo es cambiante, decía Lucrecio.

Francisco Botella Maldonado.

1 En cualquier caso la relación inmigración-delito no se sostiene con los datos objetivos de la evolución reclusa en España. En 1996 (año sin impacto migratorio) las entradas en prisión fueron de 16.028 condenados; en 2006 (año de impacto migratorio) las entradas fueron de 13.218. Documentación de José Cid Moliné, titular de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Barcelona, obtenidos de la Revista Española de Investigación Criminológica.

2 Es más, según la CIA (World Factbook), la tasa de migración neta (diferencia entre inmigrantes-emigrantes) española ha sido de 0.99 en 2.007; con un saldo de 1.175.656 españoles residentes en el extranjero, más unos 12.000 emigrantes temporeros en mercados agrícolas, principalmente Francia. Lo cual, no hace más que ratificar la idiosincracia del pueblo español como emisor de migraciones a lo largo de todos los tiempos, incluso, en tiempos de bonanza.






Inmigración II: Las huellas negras manchan los suelos blancos



Un nuevo “cargamento” humano entra en el puerto de Motril. Es una patera que la Guardia Civil ha interceptado en el Mar de Alborán. Son muchos y están exhaustos. En el grupo suele haber niños, a veces, bebés y mujeres embarazadas. El conjunto reproduce un cuadro trágico que, por repetido, ha perdido su efecto estremecedor en la sensibilidad local y nacional.
Estos que llegan están felices de pisar suelo europeo, aunque, pronto comprobarán, que lo que creyeron sueño no es más que una cruel pesadilla. Peor suerte, sin embargo, han corrido miles de otros inmigrantes que quedaron sepultados bajo las aguas mediterráneas o del litoral noroccidental africano.
La pregunta que se nos suscita es: ¿pero es que estas personas son suicidas?.
Una respuesta muy castiza y bien arraigada en la sabiduría hispánica, diría: “más cornás da el hambre”.
Hay una lectura más profunda y documentada que nos revela que, antes que un suicidio colectivo de toda una inmensa comunidad aborigen, hay un homicidio lento pero incisivo de estas gentes, perpetrado por las grandes corporaciones europeas en connivencia con nuestros gobiernos y los suyos.
Es, la denominada, bilateralidad Norte-Sur.
Los modos de esta relación son de una asimetría despótica. Pongamos nuestra mirada entre Europa y África, con un ejemplo cercano:

El 24 de agosto de 2004, la prensa británica desvela la operación “Guinea Ecuatorial” (antigua colonia española). En la genealogía de la noticia está el triunvirato de las Azores: Bush, Blair y Aznar. Han pasado a la Historia como bufones de sainete con un libreto de quimeras y mentiras. Pero sus aventuras costaron cientos de miles de vidas humanas.
Los primeros días de marzo de ese mismo año, los servicios de inteligencia franceses advierten a los gobiernos de Camerún, Nigeria y Guinea, de un inminente golpe de estado contra este último país. En el aeropuerto de Harare (Zimbabwe) se detiene a 60 mercenarios. Otro grupo más es apresado en Guinea. Todos han sido entrenados por las SAS (fuerzas especiales británicas) y a su mando tiene un ex-oficial británico, Simon Mann. En Suráfrica se arresta al hijo de Margaret Thatcher, Sir Mark, uno de los financieros del operativo.
Este grupo de mercenarios de élite iba a ser secundado por 500 legionarios españoles que ya habían zarpado de Rota con rumbo a Malabo (capital de Guinea) en un escuadrón de la Armada española. Coordina la CIA.
En Guinea actúan las petroleras Exxon-Mobil, Amerada Hess, Chevron-Texaco, Marathon y otras norteamericanas, más la francesa Total. De toda esta riqueza (estimada en más de 1.000.000 $ anuales), apenas un 5%, consigue escapar de los círculos más fieles del dictador Teodoro Obiang Nguema. Más de la mitad se esfuma entre bancos occidentales y paraísos fiscales.
Aznar había previsto sustituir en el gobierno de Guinea Ecuatorial, a Teodoro Obiang por el líder de la oposición guineana Severo Moto, residente en España y dedicado al tráfico de armas. Este Severo Moto habría, a su vez, favorecido la entrada de la española Repsol, en la extracción de crudo, en detrimento de la francesa Total.
Desarticulado todo el golpe, los barcos de guerra españoles retornan a su base. El 11 de ese mismo mes se produce en Madrid un terrible atentado islamista; días después son las elecciones generales, el partido de Aznar pierde el gobierno de España.

Volvamos a Europa.
En Europa llevamos 60 años de paz. ¿Cómo tanto tiempo para la hostil Europa?.
La respuesta ingenua señalaría la fundación de la CE como medio eficaz para congeniar intereses y garantizar la distensión.
Pero los países punteros de Europa, España inclusive, poseen potentes industrias militares que facturan una ingente producción armamentista que no se justifica con el consumo propio, máxime cuando ningún país europeo está en guerra. Todos los días se fabrica munición en cantidades industriales; son balas y proyectiles que deben ser disparados para que se genere un consumo continuo y, por tanto, una demanda sostenida de su producción. De eso depende, entre otras cosas, el PIB de nuestros países y el empleo de muchas familias. Simplemente tiene que haber guerra que dé salida a todo ese arsenal y al complejo ingeniero-tecnológico que lo sustenta.

Europa está en paz porque tiene su campo de batalla al sur de sus fronteras.
Ha elegido ese continente porque le pilla a mano, lo tiene bien explorado (todo el continente ha sido colonia suya), controla a sus dirigentes, es el laboratorio de sus experimentos, su secular cantera de materia prima y el cementerio de sus residuos peligrosos. Un estado de conflicto permanente en África es muy provechoso para tener acceso a las fuentes minerales. El apoyo a uno u otro ejército le garantiza el suministro ventajoso de todo tipo de recursos, desde coltán1 a petróleo. Cuando no hay efectivos para armar un ejército aborigen, se reclutan niños o se organizan expediciones de mercenarios. Pero la matanza no puede decaer. Se paga en especie: balas por materia prima.
El horror. Un horror inveterado, evocado en “El Corazón de las Tinieblas” por J. Conrad, allá en 1899, y que el paso de los años no ha hecho más que empeorar.
Algunos Estados literalmente han desaparecido, caso de Somalia, porque Occidente no termina de encontrar una opción satisfactoria para su estrategia política en la zona. La proliferación de grupos armados clientelistas aportó grandes beneficios, pero unificar un ejército era prioritario para vender artillería pesada y material logístico con el que proteger el transporte de crudo a través del cuerno de África. La intervención militar directa de los marines en 1993 (Black Hawk derribado) y 2008 ha generado tanta enemistad, que su empresa ya no encuentra aliados alternativos en el país. Al final, la inestabilidad provocada con el derrocamiento del comunista Siad Barre en 1991, le rebota en forma de ataques piratas al trasporte marítimo, con grandes daños para la economía europea y complicadas intrigas entrecruzadas (los piratas cobran sus rescates a través de bufetes de abogados ingleses en Londres).

El segundo mayor lago del mundo, el Victoria, con litoral en Tanzania, Uganda y Kenia, fue objeto de un experimento biológico en la década de los 50. Los europeos introdujeron la llamada perca del Nilo; un pez de hasta 200 kilos de peso y 2 metros de longitud. Esta especie está acabando con la diversidad ecológica del lago y en breve será un lugar muerto.
Pero una extinción que ya se ha consumado, es la del modo de vida y pesca tradicional de las poblaciones ribereñas. Hoy, la actividad pesquera está dirigida por las factorías de procesamiento de pescado que emplean a cientos de africanos venidos de todas partes, con condiciones leoninas de trabajo, sin prestaciones médicas ni derechos laborales. Comen los vertidos podridos de las fábricas (cabezas y raspa, que, además, se vende a mayor o menor precio según su grado de descomposición). Tampoco hay amparo policial ni garantías judiciales. El tráfico y consumo de estupefacientes es desproporcionado. Los hombres de negocio extranjeros, pueden disfrutar del servicio de prostitución local a su antojo, hasta el asesinato de la oficiante -cosa harto frecuente- sin ningún cargo penal ni siquiera civil.
Mientras tanto, aviones rusos aterrizan y despegan, día y noche, haciendo fletes para Europa. Entregan armas y se llevan toneladas de perca para el mercado europeo. En España, se ha estado comercializando, algún tiempo, bajo el fraudulento etiquetado de mero, a razón de 140 toneladas/semana.
La industria pesquera, al final, está en la base de una poderosa maquinaria mafiosa y en vez de promover el desarrollo económico de la zona, es responsable de una descomposición social de magnitud dantesca, bien documentada en la película “La pesadilla de Darwin”.

No es el único ejemplo de devastación medioambiental inducida. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Bretton Woods) impusieron a Tanzania la roturación de sus bosques para sufragar la deuda externa. La obsesión de estos organismos por la desertización de África es tan patológica como silente. En el “Informe Censurado 2.009” que publica la Universidad de Sonora, en colaboración con periodistas y sociólogos de toda Norteamérica, se señala que la noticia más censurada del 2.008 fue la referente a la responsabilidad del Banco Mundial en la deforestación de los bosques que sirven de hábitat a los pigmeos del Congo.

El drama de África es su abundante riqueza.
África es el patio trasero de Europa y ésta lo administra sin complejos, hasta el extremo de haberlo convertido, valga la ironía, en el más negro de los continentes, con más de 1/3 de la población enferma y cientos de miles de seres erráticos, asolados por la devastación ecológica y la guerra.
Es ocioso hacer una lista de las grandes corporaciones europeas implicadas en esta sangría, de las cifras de su negocio, como del origen del material bélico con que se abastece cada una de las contiendas en liza. Tires del hilo que tires, todos tienen su cabo en Zurich, Londres, París, Berlín, Amsterdam, Oslo o Bruselas, por citar los centros más significados en relación al beneficio africano.2
Sin embargo, una de esas legiones de desahuciados ambulantes que vagan en busca de resuello para sus vidas, ha tomado un rumbo imprevisto en los bien diseñados planes de Europa: se han decidido por seguir el rastro de esos hilos, el rastro del camino que sigue la riqueza expoliada de su tierra. Lo hacen en pateras y cayucos. Algunos alcanzan las costas europeas, otros quedan para siempre sepultados en la fosa común del Mediterráneo o del Atlántico noroccidental africano.
Los que felizmente logran pisar suelo europeo han cumplido su sueño, pero empiezan su pesadilla. Si son detenidos serán, tarde o temprano, deportados, después de sufrir reclusión de hasta 18 meses en un Centro de Internamiento. Su devolución será un calvario moral, puesto que estos emigrantes “queman sus naves” para migrar a Europa. Ante sí tienen la vergüenza social de no haber conseguido su objetivo, de haber hipotecado a su familia (a menudo varios familiares contribuyen -incluso endeudándose- para “colocar” a uno de ellos en “tierra prometida”), provocando un estado de precariedad insoportable para todos ellos. Muchos optan por no volver al poblado, vagando hipnóticos en busca de su nueva oportunidad, hasta su total deterioro.
Los que consiguen quedarse en Europa, inevitablemente, tienen que acomodarse en la capa más desamparada de la marginalidad, sin posibilidad de ser contratados; desarraigados de toda estructura social y condenados a medrar sin ninguna otra esperanza que subsistir un día más. El más optimista de ellos puede comprender el atolladero sin solución que es su futuro. Y, sin embargo, están atrapados en esta pesadilla que es el revés de su sueño africano.

Algunos países europeos, contados, España entre ellos y porque es cabeza de playa para la inmigración africana, se han percatado de que no pueden seguir esquilmando el Sur, sin esperar una reacción adversa a sus intereses.
Estos países están destinando fondos para el desarrollo, no siempre bien financiados o bien definidos en cuanto a su trazabilidad e inversión; con el resultado de que muchos de estos depósitos lo que hace es promover la corrupción a distinta escala. Cosa que tampoco preocupa demasiado a Europa, siempre que se frene el flujo migratorio que es la causa de su migraña. Por ejemplo, fondos para el desarrollo han ido a manos de los dirigentes mauritanos, que han dispuesto, como respuesta agradecida a España, más control militar en sus aguas juridiccionales. A su vez estas autoridades, según su peculiar manera de compartir prebendas con estamentos inferiores, les concede a su ejército “permisividad” absoluta en la ejecución de su misión. Los soldados se emplean con toda la saña de los antiguos negreros. Abordan los cayucos, desvalijan el dinero y objetos de valor de todos los inmigrantes y les vacía los bidones de agua y gasolina. A veces directamente los asesinan para eliminar problemas. Los guardas marinas marroquíes operan con algo más de conmiseración, les roban los móviles y el dinero, y los abandona a su suerte.
Con esta distribución de los fondos, de ningún sentido o sesgado respecto al pretendido desarrollo, se va desgranando la podredumbre en cascada, hasta la abominación última que son las guerras africanas provocadas por los gobiernos y capital europeos en su afán explotador.

El pan se consume y se vuelve a tener hambre. La construcción o la fabricación de automóviles no pueden responder al mismo criterio que la producción de pan. Occidente basa su modelo en un concepto industrial de crecimiento permanente. Es técnicamente inviable. Su crisis se ha ido aplazando con la incorporación de nuevos consumidores. Las sucesivas oleadas de inmigrantes han salvado del colapso del sistema. Pero cuando se alcanza la ansiada estabilidad, el inmigrante sobra.
Italia ya ha promovido una ley que identifica inmigrante sin papeles con delincuente. Francia para trenes de tunecinos en sus fronteras. Finlandia restablece aduanas... Otros países europeos le seguirán en esta carrera. De momento todos han acordado que el inmigrante indocumentado es acreedor de prisión preventiva de hasta 18 meses. Este tratamiento es una vileza de lesa humanidad, porque los inmigrantes ilegales no son delincuentes, no son prófugos de la justicia, son prófugos del hambre y la guerra.
Han llegado con sus cayucos y pateras sin robarle a nadie. Al revés, han pagado su viaje (con un precio abusivo para sus posibilidades) de vida o muerte. El viaje, en sí, es una ruleta rusa, pero, por lo menos, pueden jugarse la baza de la vida que ya la habían perdido en su tierra, robada por delincuentes -estos sí lo son- de las metrópolis europeas, de cuello blanco y mansión de lujo. Aunque, en esta perfidia, tienen patente compartida, los industriales, armadores, agricultores y ganaderos de toda Europa.


Caso Senegal: país de partida de centenares de cayucos repletos de inmigrantes indocumentados. Antes, miles de senegaleses utilizaban estas embarcaciones en la pesca atlántica. Pero desde que el presidente Abdoulaye Wade firmó concesiones de pesca con diversas firmas de grandes barcos extranjeros que saquean los caladeros, los nacionales se ven obligados a comprar una licencia de pesca que no pueden pagar, por lo que esta actividad ha dejado de ser su medio de vida. Del dinero pagado por las concesiones, nada llega a la población. El mejor uso que los senegaleses pueden dar a sus cayucos es utilizarlos como transporte hacia las islas Canarias. Esto ha alarmado al Gobierno de España, que ha optado por pagar a Senegal y Mauritania para que permitan la repatriación de los que llegan a las costas españolas. Todo ello revierte en más enriquecimiento para las oligarquías senegalesas, mientras la población se empobrece y desespera cada vez más.

Esta situación es textualmente repetible para caza, biocombustibles, aceite de palma, maderas tropicales, cacao, perca..... en cualesquiera de los puntos geográficos de África. Eso sin mencionar, la provisión de minerales, antes aludida. ¿Quién es el delincuente?

Multinacionales agrícolas indias cultivan grandes extensiones de maiz y palma en las últimas áreas productivas de Etiopía. Su gobierno negocia estas concesiones hurtando la tierra a los campesinos nativos, destrozando el ecosistema ancestral y sostenible de este lugar geográfico y aniquilando el modo de subsistencia de la población dependiente. En uno de los países más devastados y con más hambrunas del mundo, la cosecha de las empresas foráneas se factura íntegra a la exportación.

El Congo ha sido invadido por sus vecinos Uganda y Ruanda para apropiarse de las minas de coltán. Estos dos países comercian este mineral con EE.UU. (Trinitech); Bélgica (Africom, Cogecom sprl, NV Steinvweg, Cogear); Alemania (Masingiro GMBH, H.C. StarcK-Bayer-); Suiza (Finmining, Rarement); Holanda (Chemi Pharmacie Holland) o Kazajstán. que, a su vez, financian las operaciones de guerra de un grupo rebelde-mercenario autodenominado “Reagrupación Congoleña para la Democracia (“RCD”), que cuenta con 40.000 hombres y que está controlado por el ejército ruandés
Una tribu de pescadores del lago Edward, en la República Democrática del Congo, vivía de la pesca ancestral de cíclidos, unos peces típicos de los Grandes Lagos. El Lago también acogía a una gran colonia de hipopótamos, respetados por los pescadores, merced a un tabú heredado. Este tabú bien pudiera haber sido establecido por los antepasados de esta tribu, al relacionar tróficamente a este animal con los peces y optar por los segundos como fuente de proteínas renovadas debido a su mayor capacidad de regeneración biológica. Las heces de los hipopótamos que defecan en las aguas sirven de alimento a los peces.
Pero los hipopótamos del Lago han sido sistemáticamente abatidos por refugiados de las selvas, en compañía de veteranos de la guerra, así como antiguos rebeldes hutus que huyeron al este del Congo en 1994 después de haber masacrado a tutsis en acciones genocidas en Ruanda y que, paradójicamente, están ahora integrados en la guerrilla RCD que auspicia este país.
Todos ellos cazan para alimentarse, pero también lo hacen por lucro, pues la carne de hipopótamo, aunque es dura, es un plato caro. Los hipopótamos se compran por unos 50 dólares en los mercados locales del noreste del Congo, y un diente canino de uno de estos animales termina a menudo en el comercio ilegal de marfil.
Los pescadores ignoraron las actividades de estos desplazados, pues ellos no tenían ningún interés en la presa que estos codiciaban. Pero, una vez extintos los hipopótamos, los pescadores hubieron de sumarse a la masa de desplazados que vagan desarraigados por los territorios en busca de mejor fortuna; pues los peces desaparecieron detrás de los hipopótamos. Emigración ecológica.
¿Es lícito que un alemán, un belga, un holandés o un suizo protesten por compartir su ciudad con un congoleño o debería el congoleño protestar por tener que migrar hasta una ciudad alemana, belga, holandesa o suiza?.

Hoy vienen huyendo desesperados del hambre y la violencia, pero un día puede que vengan reclamando lo que les pertenece y les ha sido sistemáticamente arrebatado. Desde el Norte de África ya se han dado avisos (la religión, Islam, se está transformando de doctrina-consuelo a doctrina-subversión).
Pero los europeos están demasiado ensimismados en la vorágine de consumo, demasiado confiados en su prepotencia y demasiado engreídos en la superioridad de su modelo, para rectificar, para rebajar el despropósito de su sistema de vida y aplicarse el debido racionamiento que permita extender los beneficios a más gente, en vez del principio predador que invoca el “mucho para pocos”.
Se oyen voces decir que los inmigrantes vienen a aprovecharse del bienestar que con tanto sacrificio hemos conseguido. Pero el sacrificio real fue, y sigue siendo negro, el beneficio es, y sigue siendo, blanco.

                                                                    Francisco Botella Maldonado. Motril – Granada.



1 Ver artículo de El Pais.com del 26/9/2.007 de Rosario Lunar y Jesús Martínez Frías.

2 Algunos territorios africanos recibieron el nombre de los dueños europeos que los tuvieron en propiedad. Es el caso de la llamada Rodesia hasta 1980 (hoy Zimbabue), que debió su nombre a Cecil Rodhes, fundador de la dinastía Rhodes, que entre otras pertenencias poseen el City Bank y City Group, entidades involucradas en el reciente proceso especulativo de Noviembre de 2.008 que provocó una crisis monetaria de dimensión mundial y que, finalmente, fueron rescatadas por fondos de la Reserva Federal Norteamericana por valor de 700.000 millones $. Cecil Rhodes se enriqueció a mediados del XIX con la explotación de diamantes y otros recursos naturales. Merece la pena transcribir uno de sus insignes pensamientos: “Tenemos que encontrar nuevas tierras a partir de las cuales podamos obtener fácilmente materias primas y, al mismo tiempo explotar la barata mano de obra esclava que está disponible de los nativos de las colonias. Las colonias también proporcionarán un vertedero de los excedentes de bienes producidos en nuestras fábricas”


RACISMO
Agresión en el metro.
Desde hace unos años atrás, vengo observando un peligroso derrotero en la sociedad que me preocupa sobremanera; sobre todo, porque es una gestación sorda que sólo emerge cuando puntualmente se pertrecha un crimen que otro, pero cuya propagación rampante, no parece importar a nadie. Sobre todo, a los medios de comuncación de masas que lo tienen absolutamente ninguneado. Primero, porque sus objetos temáticos son la política anecdótica (si ha dicho tal o cual cosa insignificante un político, si va a haber autovía aquí o allá, si el presidente puede volar en este o aquel avión...). Segundo, porque lo tienen negado en el tópico que ellos se trazan del pueblo español. Cada periódico y cadena de radio/tv se arrostra la representación de España y sus gentes. Por militancia, no divulgan nada que contradiga el modelo de individuo y sociedad que han fabricado a priori. En lo que respecta al racismo, el tópico que los medios de comunicación tienen por axiomático es que los españoles no son racistas.
El Centro de Estudios de la Complutense de Emigraciones y Racismo detecta que el 39% de los españoles echaría del país a los marroquíes y el 20% a los judíos. Otros porcentajes intermedios le brindan a gitanos, latinos y negros. Lo peor de este fenómeno, es su prematuro arraigo. Según un estudio del Observatorio de la Convivencia Escolar, publicado el verano pasado, 2 de cada 3 adolescentes no se sentaría en clase al lado de un moro; 1 de cada 2, no lo haría cerca de un judío.
El problema no depende de la pedagogía. O sí, pero ya se hace en las escuelas. Se educa en los valores de igualdad. Y, también, se educa en convivencia, porque en las aulas concurren alumnos de distintas nacionalidades; salvo en las escuelas privadas y concertadas, que vetan la admisión de extranjeros pobres.
Pero la reacción tiene que ser de la misma dimensión que el problema. No basta con que la Constitución respalde la condena del racismo, hay que sustanciar judicialmente este principio con una precisa y enérgica contingencia de sanciones y castigos penales que ataje de cuajo desde la veleidad hasta el atropello. Sin mencionar el crimen racista, que ya tiene su tipificación pero con vetas ambiguas por donde jueces complacientes pueden atenuar o absolver algunas infamias flagrantes. Lo hemos visto con el juicio a una conocida librería catalana que difundía propaganda nazi.
La educación hace su trabajo con las conciencias, pero el complemento debe venir desde el Derecho. Cuando el legislador tiene la voluntad de actuar severamente contra los bolsillos y la libertad de los infractores, el problema, si no se extirpa, sí se palía. La experiencia con las nuevas leyes de la Dirección General Tráfico corroboran su efecto. Mientras el tratamiento de la siniestralidad en carreteras se circunscribió al ámbito de la formación vial (se hablaba de conciencia, cultura, educación al volante) las cifras crecían por años. Cuando se han puesto medidas punitivas medio serias, los accidentes se han reducido espectacularmente. Eso mismo revindico en el terreno de las relaciones humanas.




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