domingo, 18 de marzo de 2012

Los peligros del ordenador

Hay mucha literatura apocalíptica sobre los peligros de internet. Libros de toda laya: unos avisan de que los hace menos inteligentes y más distraídos (Superficiales, de Nicholas Carr), o cerrados y sectarios (The Filter Bubble, de Eli Pariser) e incluso 'obesos y diabéticos'(The Information Diet, Clay Johnson). La adopción de teorías semejantes son incompatibles con la equipación de ordenadores en los colegios. Según ellas, no sería de recibo contribuir con esos medios a que las criaturas caigan en esa red de vesania y morbidez física que pronostican estos psicoagoreros.
Es el tipo de especulación americana que cala en los arúspices de la parapedagogía. Les gusta, primero, porque son tesis norteamericanas y, segundo, porque ofrecen explicaciones ambientales para cualquier caso de desajuste académico de los alumnos. Para la mayoría de estos parapedagogos (que no han dado clase en un aula nunca) u orientadores psicologistas, por principio, todos los individuos tenemos el mismo potencial y calidad cognitivo. Si un alumno no da la talla hay que cuestionar al tutor, en primera instancia, al desequilibrio familiar, a la televisión, a los videojuegos, a internet, a la socialización, a la autoestima...
Son los argumentos que se tienen cuando se obvia la pluralidad humana en materia intelectual y mental. A fuer de doctrinismo psicológista terminan por reinventar a su antojo la realidad, ignorando, incluso, algo tal elemental, y que repetidamente han estudiado durante su carrera, como la distribución poblacional de la inteligencia en modo de campana de Gauss.
La consigna es: todos los alumnos a titular. Un fraude para el futuro social del país. Que le pregunten a la CEOE las pérdidas económicas que le provocan anualmente la incompetencia de unos empleados que un día contrataron confiando en la cualificación del título que aportaban.
Y es que teniendo a mano causas ambientales, cualquiera que sea el problema, el alumno es rehabilitable. Siempre se tiene éxito terapéutico. Fácil, se quita la tele, los videojuegos, internet, etc. Y,¡listos para titular!
Pero la cosa no funcona así. ¿No será que un cerebro mermado, débilmente estructurado o mal instrumentado, es siempre vulnerable a los acontecimientos del entorno? Indudable que el medio actúa como agente, pero la plasticidad cognitiva permite respuestas adaptativas a las innumerables contingencias que pudieran amenazar su desarrollo. Si no fuera así, todos los niños africanos serían unos despojos.
Sin embargo, cuando se carecen de activos cognitivos, los mecanismos adaptativos son precarios; la realidad, entonces, multiplica sus peligros. E internet pasa a ser uno de ellos. Pero internet existe y es una realidad no suprimible. Es más, es una herramienta dimensionadora del conocimiento y la información, que enriquece al que tiene aptitudes para aprovechar sus efectos positivos.
Cuando el diseño de la institución escolar es tal que unos alumnos retrasan a otros, por lo menos que estos últimos tengan recursos en el aula para compensar las rémoras que asedian su evolución educativa.

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