martes, 20 de agosto de 2013

Tener la piel esclarecida lleva premio académico

A mediados de agosto, un medio de divulgación científico publicaba una reseña atribuida a la revista Science (notario internacional de la investigación de vanguardia y certificado del rigor científico que la avala) que invocaba a la “estructura genética de una persona y/o grupo étnico, como causa de su desarrollo educativo y, a través de ello, del nivel de renta que detenta”.
Fuertemente sorprendido, no por la afirmación hecha, que me es familiar desde siempre, sino por el crédito de la fuente de información, me puse a rastrear la noticia. Efectivamente, el contenido del estudio aparece en Science, 21 de junio de 2013, con el título “GWAS of 126,559 individuals identifies genetic variants associated with educational attainment”, de Rietveld et al.

Tradicionalmente, la estadística poblacional relativa al tema del rendimiento académico, nos ha desvelado su correlato con el nivel económico y social. Es decir, se vincula clases desfavorecidas con bajo registro cultural de las mismas. En la calificación de clases desfavorecidas no se hacía mención a una raza o etnia específica integrada en la sociedad examinada. Hasta ahora. Tampoco se especificaba una condición causal; se apuntaba sólo su nexo correlacional. Para plantearlo de otro modo, no se determinaba que un niño pobre era inexorablemente candidato a tener escasa cualificación, ni que padres poco cualificados determinaran un destino familiar menesteroso. Aunque estas dos variables estadísticamente se presentaban relacionadas.
Por otra parte, en el ámbito de sociedades multirraciales, se tiene constancia de que ciertos grupos étnicos constituyen una muestra significativa del espectro más pobre, y hasta marginal, de la población. En España, por ejemplo, tenemos esa experiencia con los gitanos. En el análisis de esta situación tradicionalmente, también, se ha culpado del relego económico que sufrían al fenómeno de segregación racial preeminente. Hasta ahora.
Los datos estadísticos de este orden se recababan con objeto de proveer un perfil social de la población. Por tanto, el marco de interpretación era exclusivamente de competencia sociológica. Hasta ahora.

Dentro de este marco, el sociológico, ya se apuntaban planteamientos condicionales – no meramente, correlacionales- en algunos estudios diseñados por universidades norteamericanas. Quizás, fruto de su bajo complejo social, derivado de su credo neoliberal.
Señalo a un par de ellos que he conocido. La investigadora Linda Gottfredson de la Universidad de Delaware, que descubrí a través del documental de la 2, “¿Existe una raza superior?”, presentado por el actor Morgan Freeman, establece patrones basados en la relación de inteligencia, genes y raza, que arrojan una distribución de puntuaciones medias que van del 80 para los hispanos e indígenas norteamericanos, pasando por 85 para los afroamericanos y 105 para los asiáticos, hasta culminar en 115 para los judíos. Esto en USA y tomando como valor referencial el 100, adscrito al grupo de los blancos.
También puedo citar una tesis doctoral de la Universidad de Harvard, “IQ and Immigration Policy” de Jason Richwine del Departamento de Políticas Públicas (mayo de 2009), en la que se sostiene que los hispanos en EEUU, procedentes de países de habla hispana, tienden a concentrarse en las clases menos adineradas y con menos recursos de aquel país debido a su supuesta inferior estructura genética, menos desarrollada y de menor calidad –según el autor- que la existente entre la población blanca nacida en EEUU.

Estos dos estudios -como seguramente otros muchos que ignoro- dan un salto cualitativo e inédito en el análisis sociológico: se introduce el factor genético o racial y la condición causa-efecto.
Lo más preocupante es que estos asertos hechos desde el campo de la sociología, se postulen, ahora, desde la atalaya de la ciencia, aludiendo a una debilidad del ADN y, además, con el márchamo de la revista Science.
A propósito de esto, se me suscitan dos consideraciones:

1.- Yo siempre he pensado que debe de haber muchos superdotados en el tercer mundo muriéndose de hambre, en la misma proporción que imbéciles en el primer mundo haciendo dieta. O que hay tantos superdotados entre los pastores como ineptos entre los ejecutivos; esto último, lo confirma la evidencia pública. O sea, que la extracción económica determina las oportunidades de los jóvenes, que es lo mismo que lo que plantean los norteamericanos en cuanto al condicionamiento, pero al revés. La propia extracción social de la mayoría de mi generación (jóvenes de los 70´) prueba esta convicción que tengo, sin necesidad de recurrir a aliños estadísticos o genéticos. Por eso defiendo la escuela pública como garante de concurrencia al conocimiento y las oportunidades. Si por mí fuera y en aras de una igualdad real de oportunidades, implantaba el monopolio de enseñanza pública en todo Occidente, evitando el proceso de descarte que practican las escuelas privadas en detrimento de las públicas. El resultado de este proceso selectivo es una concentración de excluidos en la escuela pública y un elenco de privilegiados en la privada. O lo que es lo mismo, una acumulación de problemas y penalidades de toda índole en las aulas públicas frente a un pasaje apasible al éxito social y económico en los centros educativos de élite, asegurado en el precio de su matrícula. Esto es determinismo desde la base. Cada vez más recursos son desviados hacia la financiación de la enseñanza privada o paraprivada (concertada). Al final, y en abono de las tesis norteamericanas, resulta un panorama de pobres haciendo pobres y ricos haciendo ricos. Así las conclusiones sociológicas son fáciles de adivinar, porque un pobre no puede perder el tiempo en pensar, tiene que pensar en comer. Yo diría que el dato decisivo es de valor digestivo más que genético. Lo malo es la patente añadida por la ciencia a semejante sofisma. Estamos de acuerdo que, desde el punto de vista científico, no se puede hacer la afirmación de que los ejecutivos son cocainómanos; pero, por lo visto, sí parece admisible decir que los negros son tontos. Ahora ya.

2.- Esto es justificar a posteriori una realidad fabricada.
Es lamentable observar que Science es capaz  de aventurar un perfil humano a partir de variables físicas estacionarias, sin atender preliminares (organización educativa y social, apoyo presupuestario, infraestructuras, currícula, empleo...) de potencial importancia en un estudio de tendencia. Que es a lo único que se puede aspirar desde el campo de la investigación, porque, que yo sepa, la inteligencia carece de un marcador biológico. Pero acrecienta su sesgo cuando exporta estas deducciones arbitrariamente al ámbito de la genética (habla de "estructura genética"). Para este remate, Science tendría que haber anunciado previamente el descubrimiento del gen de la inteligencia. Cosa que no hay.
Sugiero otro experimento de filosofía política -que no ciencia-: se coge un grupo de pobres, se les alimenta con genes buenos y variados; al cabo de pocas generaciones se podrá comprobar su mejorada calidad del ADN. Si es legítimo desde un análisis sociológico extrapolar a conclusiones genéticas -según acepta Science en su estrenado revisionismo metodológico- mi hipótesis tendrá, por lo mismo, más que probada confirmación.

Esta manía de comparar grupos es recurrente: alemanes versus judíos, tutsis vs hutus, serbios vs bosnios, españoles vs moros... No es inocente, menos cuando se recaba el respaldo de la ciencia para sellar su acreditación. La demostración de la supremacía de un grupo sobre otro persigue el menoscabo de ese otro como antesala de una pendencia en trámite. En las guerras se gesta primero la deshumanización del enemigo para acometer una eliminación aséptica, sin cargo de conciencia alguno. Algo se está tramando en Norteamerica con la proliferación de estudios de este tipo; me temo. Puede que hispanos y negros constituyan una fuerza electoral mayoritaria y convenga rebajar la calidad de su voto. No sé. Lo que me inquieta es la traducción que en la Europa más diversa de su historia, vamos a darle a estos prejuicios, llegado la hora. Porque llegará la hora.
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