sábado, 14 de septiembre de 2013

WELCOME TO WORLD WIDE WERT

TVE ha puesto en parrilla el programa:"ENTRE TODOS", que resucita una vieja fórmula de radio de los `60, encarnado por "USTEDES SON FORMIDABLES"; entonces la televisión algo era muy exclusivo de una élite. El presentador planteaba un problema humano grave y solicitaba el óbolo colectivo de los radioyentes para paliar esa adversidad. La cantidad recogida se le entregaba al damnificado, sujeto del llamamiento caritativo, un pobre escogido de entre los millones que había en aquella España del franquismo.
Era una España sin pensiones, ni red sanitaria universal, ni asistencia social. A lo sumo, se proporcionaba beneficiencia al menesteroso, siempre y cuando éste mostrase predisposición a besar la sotana de los curas o monjas del barrio. Esa España vuelve y nadie como TVE, dotada de equipos de sondeo social bien cualificados (al menos, muy bien pagados), para anticipar un formato de "shering". O sea, vuelve la caridad.
Para merecer la caridad hay que humillarse, exponerse a la aflicción pública o a la imploración lacaya.
Esa es la vía que los gobernantes actuales proyectan. Es congruente, porque un pobre que se arrastra pierde su dignidad, renuncia a sus derechos. Es un pelele.
Cualquier iniciativa que los pobres aborden para soslayar la humillación (y la vergüenza) de la caridad, es subversivo, porque traduce la voluntad de esos pobres de preservar su dignidad.
¿Por qué toda esta reflexión? Pues porque me ha impactado la noticia de que el concejal de Madrid, José Antonio González de la Rosa, envió a la policía a desmantelar una mesa plegable que los vecinos de un barrio habían instalado en la calle para dejar libros de texto usados y otro material escolar fungible que pudiera serle útil a sus convecinos. Esta actividad ni siquiera era espontánea. Los patrocinadores habían pedido el correspondiente permiso municipal.
Cuando interrogaron al edil por su abuso represivo, contestó que el trueque no está permitido.
Exactamente. La disyuntiva política es o Negocio o Caridad. El que no esté capacitado para hacer negocio que se ponga a pedir limosna. Así se desarma la dignidad social.
En la universidad se está ensayando una fórmula parecida. La rectora de Málaga abrió la veda de lo que ella llamó mecenazgo. Se trata de que solventes liberales de la comunidad sufraguen algunos de los gastos académicos de estudiantes escogidos. Una especie de apadrinamiento o adopción, qué sé yo. Lo que sí sé es que la caridad no es anónima y rara veces desinteresada. Ya se han adherido otras universidades. Si Wert quita derechos a los estudiantes, que éstos se lo mendiguen a los ricos empresarios que hicieron fortuna explotando a sus padres. Si ahora es caridad, más tarde será negocio. Al tiempo.
Estos son los primeros efluvios de la ignominia de Wert.
Su penúltimo ultraje fue decir que el nivel de contestación a su ley de Educación es una fiesta de cumpleaños comparada con la respuesta estudiantil en Chile o México. Provoca para que los estudiantes españoles reaccionen violentamente y así tener, al menos, un argumento a su favor. Tan carente está el sátrapa de razones.
Por cierto que el señor ministro de Educación alabó, entusiasta, el discurso de Ana Botella frente al COI. Al señor Wert le gusta los idiomas y también jactarse de que él es extranjero (lo ha dicho varias veces, tal cual). No sé cómo hablará el alemán -su idioma-, pero de las intervenciones oídas por mí, del farfulleo que él llama francés, puedo deducir dos cosas: primero, que le falta vergüenza propia, y, segundo, que le falta educación para evitarle la vergüenza ajena a los demás. No me extraña que con esa espesura suya, el ministro se prende del inglés de la alcaldesa
No puedo acabar esta entrada sin recordar otra insigne "boutade" del señor Wert; artero donde los haya y experto en embarullar a candorosos periodistas, que más que una profesión de sagaz examen, rebajan el periodismo al oficio estenográfico. Ha dicho el ministro de Cultura que la huelga del 24 de octubre contra su ley de educación, es “se mire como se mire, una huelga política, y las huelgas políticas no están contempladas ni amparadas por la constitución ni por la legislación democrática”. Y se queda tan desahogado, él y sus escuchas. No hay nadie en ese excelso auditorio, que siempre rodea al ministro (tal que moscas alrededor de "algo"), que le pida un ejemplo de huelga nacional que no sea frente a una medida política. Puede que el ministro crea que las únicas huelgas legales son las de sexo, la de silencio, o la de calvos. Pero puede que el señor ministro tenga piel de personaje de Maquiavelo.

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